Finalmente se dió cuenta que la solución estaba delante de sus ojos.
Como había sido tan tonto! – pensó.
Las negras nubes ya no estaban. Esas malditas nubes que lo habían encerrado en esa habitación sin ventanas y habían tirado la llave desaparecían como si nunca hubiesen existido, como si nunca lo hubieran amenazado, como si hubiesen perdido esa férrea voluntad de victimarias innatas y ahora el destino quisiera burlarlo con atroz crueldad, engañarlo como se engaña a un caprichoso niño, salvo que el dulce que le ofrecía tenia la forma de un efímero sueño. Pero el no puede olvidar esa pequeña habitación, difícilmente pueda olvidar ese lugar donde permaneció un tiempo que no puede ser medido en unidades de tiempo, con la sola compañía de la incertidumbre que sigilosamente taladraba sobre su voluntad, un silencioso trabajo continuo que había logrado su cometido.
Ha estado en esa habitación desde que tiene uso de la razón. O desde que la perdió.
(Continuará…)
Génesis
Hace 17 años
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