viernes, 20 de febrero de 2009

La Solución y la Prisión

Finalmente se dió cuenta que la solución estaba delante de sus ojos.

Como había sido tan tonto! – pensó.

Las negras nubes ya no estaban. Esas malditas nubes que lo habían encerrado en esa habitación sin ventanas y habían tirado la llave desaparecían como si nunca hubiesen existido, como si nunca lo hubieran amenazado, como si hubiesen perdido esa férrea voluntad de victimarias innatas y ahora el destino quisiera burlarlo con atroz crueldad, engañarlo como se engaña a un caprichoso niño, salvo que el dulce que le ofrecía tenia la forma de un efímero sueño. Pero el no puede olvidar esa pequeña habitación, difícilmente pueda olvidar ese lugar donde permaneció un tiempo que no puede ser medido en unidades de tiempo, con la sola compañía de la incertidumbre que sigilosamente taladraba sobre su voluntad, un silencioso trabajo continuo que había logrado su cometido.
Ha estado en esa habitación desde que tiene uso de la razón. O desde que la perdió.

(Continuará…)

martes, 10 de febrero de 2009

El azar en Madrid

Es una botella de vino que ha cobrado vida propia, o es un hombre que se ha convertido en vino – pensó.
Hacía varios minutos que contemplaba el antiguo cartel de neón y no lograba decidirse.
Un brusco empujón lo obligó a bajar la vista.
- Disculpe - dijo un hombre de mediana edad y cejo fruncido que siguió caminando a paso apurado.
Era la cuarta persona que tropezaba con él, y la segunda que se disculpaba.
Siguió con la mirada al hombre de traje gris y maletín. Como los anteriores, caminó unos metros más hasta bajar unas escaleras y perderse en la oscuridad.

Un gran rombo de borde rojo e interior blanco señalaba el lugar donde había desaparecido aquel hombre. Empezó a caminar en dirección al rombo rojo. Al acercarse pudo ver en su interior un rectángulo azul que en letras blancas tenía escrito la leyenda “Metro”. Debajo colgaba un letrero, al leerlo no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.
- Estoy en la mismísima Puerta del Sol –dijo en voz alta, aunque nadie pudo oírlo.
El incesante andar de gente yendo y viniendo en todas direcciones parecía haberse detenido momentáneamente. En ese instante nadie paso cerca de él para capturar el mensaje. Sus palabras se ahogaron en el aire. El único testigo de su presencia ahí era el aire mismo.

Vió una fuente a pocos metros de la salida del metro. Como si fuera una gran regadera, la fuente disparaba ráfagas de agua en todas direcciones. Se acercó a la fuente y dejó que las gotas paulatinamente lo humedecieran.
Ese quince de Marzo la primavera quería demostrar su inminente llegada, estaba dispuesta a torcerle el brazo a un otoño en franca retirada.
Un poco mas aliviado pero cansado, se dejó caer en el único banco que había libre alrededor de la fuente.

Delante de él un edificio con un gran campanario ocupaba el centro de la escena. Supuso que debió haber sido un palacio o algo por el estilo. El reloj debajo del campanario marcaba las dos en punto de la tarde.
Abrió su mochila y sacó una botella de agua y un pequeño cuaderno. Bebió un poco y la guardó. Se quitó el sudor de la frente con su mano izquierda y respiró profundamente. Necesitaba ordenar sus pensamientos.

Se repitió una y otra vez que no había vuelta atrás, ya había enviado la carta y ahora debía esperar las consecuencias.
Se sintió culpable de lo perverso que había sido. Todo había sido premeditado. Hasta el más mínimo detalle. Ni siquiera podía justificarse que lo había decidido cuando había arribado a Madrid tres días atrás.
A pesar que la carta la había escrito y enviado esa misma mañana, esa carta se había empezado a escribir en Buenos Aires hacia ya bastante tiempo.
La carta fue un recurso desesperado, el último pedido de ayuda antes de caer al abismo. Pero aun así sabia que no debía haberla enviado, su reclamo era injusto, sabía que no tenía derecho a nada, pero la razón parecía haberlo abandonado. En su lugar un dolor en plena expansión empezaba a gobernarlo.
En un par de horas más la carta seguiría rumbo al norte. Mañana llegaría a su destino una pequeña ciudad muy cercana a la frontera con Francia.
El tiempo se había acabado.

Sintió un nudo en la garganta, volvió a tomar un poco de agua y abrió el cuaderno.
Miró el número de teléfono remarcado en rojo, pensó en llamar e intentar nuevamente aclarar las cosas pero se contuvo. Algo en su interior le decía que era mejor dejar las cosas como estaban. Quisiera o no todo era parte de su pasado.
Se esforzó en pensar en algún grato recuerdo. Después de un rato se dio cuenta que era más difícil de lo que pensaba, pero algo tendría que aparecer.
Lo primero que le vino a la mente fue la chica que había conocido en el aeropuerto. Era muy bonita y tenia una sonrisa que podía derretir un glaciar en pleno invierno. Se conocieron haciendo la fila para abordar el avión y no se despegaron durante las trece horas y 11549 km siguientes. Viéndolo en perspectiva, le pareció gracioso como se cuidaban, como se sostenían los documentos y las valijas cuando alguno lo necesitaba, algún distraído incluso pudo haber pensado que eran una pareja de recién casados iniciando una luna de miel soñada en Europa.
Nada más lejano, el puro azar los había unido.
Al llegar a Barajas se despidieron, a ella la esperaba su familia, a él Madrid y un par de sueños. El azar los había unido y Madrid los había separado.

Miró el reloj nuevamente, eran las tres menos cuarto de la tarde, hora de seguir. Madrid era un lugar demasiado grande y el tiempo en la ciudad se agotaba.
Siguió caminando y se cruzó con un árbol y un oso de metal. Los observó con especial interés durante un buen rato. Se preguntó como un oso tan grande podía apoyarse en un árbol tan pequeño sin derribarlo. Llegó a la conclusión que no importaba, lo que hacía interesante al arte era que no tenía que regirse por ninguna regla ni siquiera leyes físicas.
Pensó que a veces algunas reglas deberían romperse y siguió caminando.
Había decidido pasar la tarde en Plaza Mayor. Pensó que un bocadillo de jamón serrano y una gaseosa bien fría no le vendrían nada mal.
Los negocios con souvenirs de todo tipo lograron distraerlo por un rato. Siguió caminado. Estaba próximo a Plaza Mayor cuando sucedió.

Era ella y su sonrisa. Su sonrisa y ella. La única persona que conocía en Madrid venia caminando en dirección a él.
A partir de ahí todo fue distinto.
Le dijo gracias al azar, por hacerse presente y estar de su lado en Madrid .
Era el final de una historia y el comienzo de otra muy diferente.

domingo, 8 de febrero de 2009

La Reunión

X habla mientras Y, Z y W sentados en círculo a su alrededor aparentan escucharlo.
La oficina de X es pequeña, su nivel jerárquico no es muy alto de manera que debe conformarse con tener ese pequeño espacio privado. No es para despreciar, no son muchos los que cuentan con ese privilegio.

X se considera afortunado y se lo hace saber a quien se cruce con él con una sonrisa que siempre está presente. No son pocos los que apostarían su sueldo a que debe dormir sonriendo.

Y, Z y W no tienen la misma suerte, trabajan juntos en un espacio compartido.
Un espacio compartido por ellos y otras treinta personas más.

Y juega con un lápiz. Lo desliza entre sus dedos de la mano izquierda una y otra vez. No está muy concentrado, realmente no le interesa en lo mas mínimo lo que esta diciendo X. No tolera a X, mucho menos a Z, mientras que W nunca le cayó bien.
Y desearía estar en otro lugar. Odia su trabajo y sueña con otra vida. Una vida en la que él sea el principal protagonista. Y todavía no se dió cuenta que es él quien elige que rol protagonizar en su vida. Por ahora, Y se conforma con recibir un reconocimiento como mejor actor de reparto. De su propia vida claro.

Z mira de reojo a W, desearía poder leerle la mente, está seguro que W está ocultando algo. No termina de entender lo que X esta diciendo. Cree que detrás de las palabras de X hay algo mas. Debe haber otro mensaje.
Z sigue el movimiento de la boca de X. Primero sus labios, luego sus dientes blancos, resplandecientes, simétricamente alineados, sin dudas perfectos.
Z intenta descifrar el mensaje de X pero no logra develar el mensaje oculto, después de unos instantes la única certeza que tiene es que X aún conserva sus amígdalas.

X mira a Z a los ojos, pero Z no puede soportar su mirada y decide mirar un punto en blanco entre los dos cuadros que cuelgan de la pared.
En el cuadro de la izquierda hay una foto de color sepia de los fundadores de la empresa. Al pie de la foto una breve reseña cronológica relata sus inicios a fines del siglo pasado cuando una pequeña familia humilde de un pueblo del norte de Italia que hoy ya no existe inició el negocio, de ahí el acelerado crecimiento hasta llegar a este exitoso presente, el pequeño emprendimiento de una familia devenido en una corporación multinacional líder absoluto en su sector.
El cuadro de la derecha es un mapa mundial donde están señaladas todas las subsidiarias de la corporación. Los países aparecen pintados de color gris mientras que un círculo rojo indica la presencia de una filial de la empresa en el lugar.

Z recuerda haber contado una vez la cantidad de círculos rojos en el mapa. Había sido en otra reunión hace cuatro o cinco años atrás. No recuerda cuantos círculos rojos contó aquella vez pero está convencido que hoy debe haber al menos el doble, casi no quedan zonas grises sin círculos rojos en el mapa.
Últimamente Z sólo mira el mapa para ver si la empresa abrió una sucursal en Islandia. Su sueño desde pequeño es vivir en aquel congelado país y se prometió así mismo que cuando la empresa se instale ahí inmediatamente va a solicitar el traslado. Está convencido que le concederán el permiso como un reconocimiento a su trayectoria en la empresa.

Z piensa que es momento que llegue ese reconocimiento. Después de diez años en la empresa, su único logro es tener el record histórico de asistencia en la compañia. Créase o no en diez años Z nunca se enfermó, nunca llegó tarde, nunca tuvo que pedir licencia por algún motivo. Según su cálculo lleva trabajando 20800 horas sin interrupciones. Siempre en el mismo escritorio, siempre haciendo la misma tarea, todos los dias desde hace una década. Intimamente hacia mucho tiempo que Z deseaba un cambio, pero el temor que le tenia a X pesaba mas. Solía soñar frecuentemente con que X lo despedía y toda su vida se derrumbaba. Porque para Z ese trabajo era su vida.

W escucha atentamente a X. Está pendiente de cada detalle, y toma nota de todo lo que X dice. Bajo ningún concepto se permite distraerse. Las expectativas de W para con su trabajo son diametralmente opuestas a las de sus compañeros Z e Y.
Hacía rato que W deseaba la posición que X ostentaba. W se consideraba mucho mas capacitado que X para esa posición, y cada dia le resultaba mas difícil ocultar su creciente ambición.
W creia fervientemente que una de las mayores injusticias de este mundo era que no se le haya concedido la posibilidad de demostrar toda su capacidad, en cambio se le permitia brillar a alguien tan mediocre como X, a quien sin dudas el superaba ampliamente.
Pero las cosas iban a cambiar, W se había prometido que este iba a ser su año, y no pensaba dejar pasar esta oportunidad. W había estado trabajado en secreto armando una serie de informes para desacreditar a X y demostrar su ineficiencia en el cargo, solo le faltaban algunos detalles y esperaba conseguirlos en esta reunión. Habia llegado el momento de dar su gran golpe. Muy pronto W lograría su preciado objetivo. W sonrió unos instantes y asintió lo que X estaba diciendo.

X estaba preocupado. Sentía que Y, Z, W no lo apoyaban como antes. Ultimamente no podía sacarse de la cabeza la idea de que alguno de ellos esté conspirando en su contra. ¿Pero era esto posible? ¿Podrían estar tramando algo? ¿Serian ciertas sus sospechas o su cabeza le estaría jugando una mala pasada producto del stress de los últimos meses?

El último cuatrimestre de la empresa había sido especialmente difícil, la crisis global había golpeado al sector, reduciendo las ganancias de la empresa en un cinco por ciento.
El Directorio estaba preocupado. Se acercaba el momento de cobrar el bonus anual y ninguno de los directores estaba dispuesto a resignarlo. Luego de una extensa reunión habían decidido una serie de medidas para reducir los costos. Las medidas eran extremas pero debían recuperar su nivel de rentabilidad y cumplir con los objetivos del año a cualquier costo, esa era la única prioridad.
A partir de ese momento X se sentia bajo la lupa. Había sido cuestionado en varias de sus decisiones y si bien no había obtenido malos resultados tampoco estos habían sido brillantes.
Hacía dos meses que X se quedaba trabajando después de hora pensando como hacer para obtener los resultados exigidos por el Directorio sin tener que aplicar las crueles medidas.
Los últimos cinco días habían sido especialmente intensos. El fin de semana, mientras X intentaba dormir, la idea salvadora se le había revelado y desde ese momento no se detuvo hasta definirla en todos sus detalles. Si todo salía según lo planeado, X no solo se consolidaría en su puesto sino que seguramente recibiría un reconocimiento por tan brillante idea.

X estaba ansioso por compartir los detalles del plan con Y, Z y W y el momento había llegado.
X necesitaba especialmente de la ayuda de W para llevar a cabo el proyecto. El conocimiento de W de los datos claves del sector era imprescindible, sin esta información el resultado del proyecto seria catastrófico.

X comenzó a hablar. Le gustaba hablar. Mientras hablaba se sentía mas seguro, como si el solo hecho de expresarse fuera una fuente de energía que lo fortalecía palabra tras palabra. No podía evitar dar un contexto de la situación, no era una persona que iba directamente al punto, y hoy no era la excepcion.
La introducción duró cuarenta y cinco minutos, dos vasos de agua y una taza de café.

El reloj del escritorio de X marca las once de la mañana.
X le entrega a Y,Z y W una copia del plan y empieza a hablar.
X mira a W y le hace saber la importancia de su rol en este proyecto. X les dice a los tres que si el proyecto sale bien todos saldrán beneficiados.
W sonríe. Hoy es su dia de suerte.